Un nuevo "Amanecer"

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Foto: Cortesía Ballet Ecuatoriano de Cámara.
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jueves, 17 de junio de 2010

Klever Viera “El Llucho danzante”


Por: María José Larrea.
El “eco absoluto” de la vida de este bailarín, coreógrafo y maestro de danza moderna, retumba en la sangre y la música, el sudor y el aire, el músculo y la idea. Su desinterés por las cosas materiales le conducen a descubrir sus posibilidades y sus alcances, porque él, “sin un medio en el bolsillo” siempre buscó la perfección.

Danzar es …
Esculpir el propio cuerpo en el espacio y multiplicar las formas.

¿Esculpir para qué?
A ratos gozosos, a ratos doloridos, los cuerpos hienden el aire, rápidos, lentos, duros, pero deben hablar por sí solos.

¿El producto en escena es una amalgama del maestro y sus alumnos?
El arte de bailar es una maravilla que se hace cuerpo a cuerpo y es oral, porque no hay libro que funcione, es directo, tienes que estar oliendo la axila del maestro.



¿La danza alude un conocimiento profundo?
Al igual que la poesía la danza se interna, no solo en lo hermoso, también nos dispara y nos hace explosionar el cerebro. Hay que trabajar con el instinto, la sensación y la intelectualidad de quien lo crea y lo admira.

¿Cuándo un bailarín se torna creador?
Después de haber explorado el mundo de la oscuridad, la creación es un estado de lucidez. Es toda una conjugación de cosas, porque para crear, hay que estar en todas las capacidades y potencias.

¿Es una manera de inventar un arte con estilo?
Si, aunque en mi caso sale monstruosa, es una deformación, el espectador se queda “sin piso” en cada uno de mis trabajos.


¿Por qué se inclina por ese tipo de creaciones?
Son obras que no tienen una línea narrativa sino un compuesto en varias capas, de ideas y sensaciones que se materializan en el escenario, muchas veces interpretando personajes que no son comunes y corrientes, sino que van más allá del hombre de carne y hueso.

¿Su creatividad que es lo que trata de revelar?
Como muchos creadores contemporáneos, pienso que en un medio tan mezquino como el ecuatoriano, quien se entrega en serio, al no encontrar otra respuesta, termina cansado, se va cerrando, y el mundo de las convenciones, del formalismo, es el que triunfa. Por eso nos exigimos a nosotros mismos ser auténticos, sorprender y sorprendernos, esa es nuestra victoria.


A sus 48 años, ¿Se ufana de haber realizado todo lo que se ha propuesto?
Eso si me da orgullo, porque solo haciendo se descubren las posibilidades y los alcances. No le debo nada a nadie, he viajado con mis propios recursos. Nunca hice concesiones, menos todavía a nivel estético de creación. Viajo, conozco y me conocen; con las direcciones en una libreta; comunicándome por señas; para ver a Pink Floyd en Dinamarca; sin un medio en el bolsillo; durmiendo en estaciones de metro o dando clases como intérprete, pero siempre he ido en busca de la perfección, sin querer reconocer las limitaciones… que, a veces, se convierten en milagros.

¿Cómo debe manejar un bailarín sus horizontes?
En lo profesional: Si alguien trata de vivir su arte con seriedad es mal visto, pero el que considera más que coreógrafo, bailarín o creador, debe ser un provocador para ser lo suficientemente valiente para entrar a lo desconocido. No hay arte “preconcebido”, lo lindo es encontrarte con eso que te sorprende y te desequilibra.


En lo amoroso: Saber amar, entregarse total, sin reserva. Yo pienso que he amado mucho y también he llegado a creer que el amor solo está en las novelas. Pero siempre me encuentro amplio “lo dejo todo y después quedo en hilachas”.


En lo familiar: Sentir que esta “En la vereda para andar” como dice mi madre, porque aunque muchos no entiendan nuestra forma de vida y nuestro desinterés por las cosas materiales, quienes nos rodean deben apoyarnos. Mi madre está orgullosa de que su último hijo sea artista, está feliz de que sea el “Llucho danzante” como me llama.


En lo social: Lleno de energía, generoso, inteligente, orgulloso y, a la vez, tímido. Me hago el artista, saludo de lejos para no pasar la prueba de timidez al saludar uno por uno, pero sigo siendo el “longo” de Toacazo con complejo de “plástico”.


En lo espiritual: Se habla mucho del cuerpo, pero también es el alma. Nuestro espíritu también está en movimiento, y se entrega a cada fibra y nervio del cuerpo para acariciar, transformar y penetrar hasta el fondo en el espectador.


En el futuro: Convertirme en hueco, en cañada, donde se repitan las voces de los que vienen y me modifican. La nueva generación que empieza, la mía que ya baja. En ese momento se cierra un círculo.

martes, 25 de mayo de 2010

Una profesión sacrificada pero gratificante

Por: Vanessa Gómez

Albert Romero personifica el pintoresco personaje de Camacho en la obra El Quijote.
Albert Romero es chileno y llegó al Ecuador en 1997. Estudió ballet clásico en el Teatro Municipal de Ballet de Santiago de Chile y actualmente es bailarín profesional del Ballet Ecuatoriano de Cámara.


¿A qué edad decidiste estudiar ballet a nivel profesional?

Lo decidí al cumplir 17 años, aunque me gustaba bailar desde muy pequeño. En Chile existía el gran tabú que los hombres no debían bailar, pues se prestaba para muchas interpretaciones. Fue por eso que al cumplir la mayoría de edad me arriesgué a dedicarme profesionalmente a la danza, desafiando los tabús que yo mismo tenía.

Respecto a tu familia, ¿recibiste el apoyo que esperabas al tomar tu decisión?

Claro que sí, mis papás jamás cuestionaron mi fascinación por este arte. Ellos reconocen que la danza es una profesión muy sacrificada y que implica un alto nivel de cultura el saber apreciarla. Además, mi hermano mayor también es bailarín profesional, él tiene su propia academia de ballet clásico en Uruguay.

Llevas cerca de 13 años viviendo en el Ecuador, ¿cuándo decidiste establecer tu vida en este país?

Cuando conocí a mi esposa. Al poco tiempo de conocerla supe que era el mejor lugar para enraizar mi vida tanto personal como profesional. Y no me equivoqué. Tenemos dos hijos por quienes debemos salir adelante, y apoyarnos mutuamente es lo que ha fortalecido nuestra relación.

¿Cómo has logrado organizar tu tiempo entre el trabajo y tu familia?

Ha sido muy complicado, los repasos en el BEC son a diario y constantemente estamos en giras promocionando nuestras obras. Reconozco que mi esposa muchas veces ha tenido que desempañar el rol de madre y padre a la vez. Pero siempre encontramos el modo de organizarnos; por ejemplo, a veces mis hijos vienen a mis presentaciones y hasta me dan sugerencias para mis personajes.

Tus hijos, ¿ha mostrado interés por seguir tus pasos?

Sí, sobre todo el mayor. Si en un futuro me dicen que desean ser bailarines, tendrán todo mi apoyo, siempre y cuando tomen en serio la profesión y se dediquen cien por ciento a esta disciplina.

Camacho es el personaje más reciente que estás interpretando, ¿cuánto tiempo te tomó la preparación para este papel?

La preparación ha tomado como 8 ó 10 meses, ha sido uno de mis personajes más difíciles de interpretar ya que no requiere de tanto baile sino que debo enfatizar lo expresivo. Mi personaje le brinda el tinte humorístico a la obra, así que debo exaltar mis gestos.

Pese a los grandes sacrificios que has realizado por tu carrera, sobre todo en cuanto tu familia, ¿qué es lo más gratificante que te ha brindado tu profesión?

El poder recorrer todo el país por las giras que realizamos. He podido llegar a cada rincón del país, así como también viajar a Colombia, Uruguay, Bolivia y otros países donde he conocido gente y les he presentado espectáculos de calidad.

sábado, 22 de mayo de 2010

¨La danza es todo… un arte completo¨

El eje de su vida siempre ha sido la danza, tras 32 años dedicada a su carrera, Camila Guarderas, cofundadora del Ballet Ecuatoriano de Cámara, habla sobre un arte del que no quiso salir jamás. Son diez años los que ha dejado de bailar, pero su enérgico carácter continua formando exitosos bailarines.



¨Mi sueño¨

¿Cómo empezó este sueño del Ballet ecuatoriano de Cámara?

Aunque empezamos con Rubén Guarderas, mi esposo, a estudiar en Chile, Ecuador fue la puerta para conquistar nuestro sueño. Primero empezamos creando el Instituto Nacional de Danza porque en Ecuador no había ninguna escuela que haya incursionado en la danza. Al poco tiempo ya fue la Compañía Nacional de Danza con Marcelo Ordóñez. Hasta que decidimos hacer lo que ahora es nuestra propia compañía.

¿Entonces, esta visión se trató de un gran aporte para que la danza en Ecuador surja?

Pues si, desde entonces la danza y su técnica ha evolucionado muchísimo. Cuando nosotros llagamos no había nada, pero ahora con el Ballet Ecuatoriano de Cámara, tenemos bailarines que conocen técnicas impresionantemente avanzadas, casi a la par de otros países en que la danza tiene muchos años de trayectoria.


¿El ballet cuenta con bailarines extranjeros?

Si, como una manera de avanzar en el nivel técnico, contamos con un treinta por ciento de bailarines extranjeros. Ellos son quienes nos ayudan a formar bailarines ecuatorianos exitosos, con habilidades nuevas.

¨La danza, mi vida¨

¿Qué es para usted la danza?

La danza es todo, su desarrollo requiere del cuerpo, de mucha cabeza, es decir, de inteligencia, un oído musical bueno… es un arte completo.

¿Pensó alguna vez en abandonar su carrera?

No, se trata de un arte que si entras ya no quieres salir jamás.

¿Y todas las dificultades, sacrificios que se le presentan a una bailarina nunca son motivo de desilusión o lejanía con su sueño?

No, aunque es muy dura y difícil, pero yo creo que todas las carreras requieren de mucho sacrificio.

¿Se sacrifica a la familia siendo bailarina?

Si, aunque yo no tuve hijos, estoy conciente de que no es nada fácil mantener una familia. Las bailarinas podemos tener máximo un hijo, por cuestiones de tiempo, de deterioro físico, por los viajes que realizamos ¨como gitanos¨, porque pasamos todo el tiempo viajando. Al tener un hijo tu carrera se irrumpe y cuesta reponerla.

¿Son sacrificios que inciden mucho porque se trata de una carrera corta?

La danza es una carrera muy intensa, interesante y versátil pero lamentablemente corta. A los 30 o 40 años máximo, podemos mantenernos bailando. Eso representa un límite por el que se tiene que postergar muchas cosas.

¿Estuvo consciente de ello al momento de decidirse por ser bailarina?

No, cuando a uno le gusta ni siquiera piensa en eso.

¿Y que pasa cuando se encuentra frente a frente con esa realidad?

No te queda más que dejar de bailar, tu cuerpo ya no lo permite. Pero hay miles de cosas dentro de la danza que uno puede hacer. Puedes ser maestra de ensayos, vestuarista, o puedes dictar clases, todo cuanto se trate a la realización de las obras, en cuanto a su forma y su fondo porque la experiencia te lo permite.

¿Hace cuanto tiempo dejó de bailar Camila?

Hace 10 años. Ahora tengo 50 años pero continúo transmitiendo a través de mis bailarines lo que soy, lo que siento y lo que se.

¿A qué se dedica ahora Camila?

Soy directora artística. Ahora veo la danza desde afuera.


¿Existe una obra en la que se combine el talento de Camila ayer y hoy?

Si, en ¨Amanecer¨, una de las obras más sencillas y más profundas en las que participé hacen mi ayer. Pero hace tres meses, en que empezamos a repasarla, es una obra presente en Camila, solo que esta vez he dejado de ser la protagonista. Ahora soy la directora.


¿La danza va a continuar siendo el eje de su vida?

Si, yo creo que tengo energía para mucho tiempo más en la danza. Voy a continuar dando clases, porque quiero seguir formando bailarines. Aún busco ¨enseñar a los que vienen¨ y ver ese desarrollo que me hace sentir tan orgullosa porque la danza para mí, lo es todo.


“He cumplido el sueño de toda mi vida: llegar a ser bailarina”




Madura, con claros objetivos y una experiencia que impresiona,
tras 37 años dedicados a la danza, Laura, habla del ballet, su
sueño alcanzado.

Laura Alvear, de 54 años,
Danza nacional, tradicional especialista en la danza contemporánea.

Por: María José Larrea.







¿Cómo incursionó en el mundo del ballet?

Bueno yo incursione en la danza un poquito tarde - entre comillas tarde- porque quien quiere llegar a hacer las cosas no importa la edad. A pesar de que en mi familia no había nadie que se incline por esta actividad, yo desde muy niña quise ser bailarina, siempre soñé con tener un grupo de baile, soñaba con hacer coreografías. A mis padres continuamente les insistía que me pongan en un curso de danza, hasta que logré iniciarme a los 17 años en la Casa de la Cultura, en el Ballet Folclórico de Marcelo Ordóñez.



¿Tenía otros planes antes de empezar con la danza?

Si, en mis planes estaba la arquitectura porque siempre me gusto lo creativo. Sin embargo, fueron las circunstancias las que me hicieron decidir por el ballet, pues al poco tiempo de haber iniciado ya era parte de la Compañía Nacional de Danza, en donde practicábamos el ballet clásico y el contemporáneo. Al año, resolví que el ballet era mi carrera con un viaje a México, a los 18 años, en el que pude perfeccionar el ballet contemporáneo e hice mis primeras presentaciones.



¿Siempre tuvo el apoyo de su familia?

En un comienzo no estaban de acuerdo porque no consideraban la danza como una profesión de la que se pueda vivir. Para mis padres era una mejor opción la arquitectura, sin embargo cuando se enteraron que le estaba dando más importancia al ballet que a la universidad, apoyaron y respetaron mi decisión.



¿Fue una decisión difícil?

No, porque yo si veía al ballet como una profesión de la que se puede vivir o sobrevivir, pero haciendo lo que quieres y sientes. Era necesario tomar esa decisión porque en la danza el desarrollar habilidades mientras más joven eres es mejor. Me di cuenta que la danza requiere de mucha disciplina, te dedicas o no te dedicas, porque es una cuestión física, que siempre tiene presente el tiempo.



¿La vida de una bailarina es sacrificada o solamente es un estereotipo?

La vida de una bailarina si es dura, porque está fuera de esquemas sociales. Es una carrera que requiere de mucha disciplina y constancia, en la que se trabaja contra reloj, sin horarios, sin vacaciones, hay que mantener el peso adecuado, perfeccionar técnicas y para eso se requiere de tiempo y mucho sacrificio.



¿Cuáles han sido esos sacrificios?

Se pierde – entre comillas- la actividad social con la familia, los amigos, las fiestas, todo. Con ocho horas diarias, de lunes a sábado, no te queda tiempo para nada más que la danza.



¿Esos sacrificios han valido la pena? ¿Por qué?

Si, a pesar de todo he cumplido el sueño de toda mi vida: llegar a ser bailarina.



Entonces ¿el ballet es una mezcla de técnica y sentimiento?

Si, la danza a más de una técnica es una expresión. Yo por medio de la danza he podido expresarme, física y espiritualmente. He incluido a mi vida cada uno de los personajes y así he demostrado mi sentimiento al público.



¿Cuál es el personaje en el que ha tenido que trabajar más?

Con los personajes más cotidianos y humanos me identifico mucho, por eso es que me resultan difíciles las representaciones de princesas los personajes en los que mas tengo que trabajar.



¿Hasta cuando se ve bailarina, que espera para después?

A mis 54 años continúo bailando, aunque ya como antes pero si me mantengo en actividades que hacen bien a mi momento. No pienso dejar que los esquemas sociales me maten como artista porque aun me veo bailarina. Espero continuar impartiendo mi arte a través la experiencia que tengo porque la vida artística es para siempre.